La senadora quebró la pax oficialista con el video musicalizado con una canción de Lali Espósito publicado tras blanquear sus diferencias por el Presupuesto y el reparto de poder en la gestión.
Patricia Bullrich sabe que tiene poder. Las décadas de taco gastado en el escenario político se lo confirman a diario. La mujer con más cambios de vestuario partidario que la historia nacional tenga memoria logró consolidar su figura a fuerza de alquimias y traiciones que todos le critican pero de las que ella se ufana. Una villana que no se acobarda al admitir que se reviste en piel de cordero. Es que para la ahora senadora de La Libertad Avanza sólo hay una cualidad que puede determinar la estadía y perpetuidad en el ejercicio de la política: la capacidad de sorprender.
El viernes por la mañana el ecosistema libertario se descontroló cuando la ex ministra de Seguridad de Javier Milei publicó un cinematográfico video en el que se la puede ver junto a sus colaboradores trabajando en su despacho del Senado. La utilización de piezas audiovisuales se convirtió en el último año en una de las herramientas claves en la comunicación de la ex macrista quien, luego de adaptar a todo su equipo, publica videos en sus redes sociales que sus estrategas musicalizan con canciones que acompañan el estado de ánimo de la legisladora. El último no fue la excepción.
“No me importa, Lali Espósito”, escribe la legisladora en su tablet que lleva a todas partes y dio paso al caos. El movimiento calculado milimétricamente por su círculo íntimo buscaba dar más de un mensaje. “No voy a cambiar por mucho que ladren”, reza la canción de la artista pop en el momento que Cristian Larsen, asesor de la ex JP, hace un cameo. El extitular de Parques Nacionales mantiene una puja -que ya se mueve en el terreno legal- con Mario “Pato” Russo, mano derecha de Victoria Villarruel, la vicepresidenta con la que la jefa del bloque oficialista no tiene diálogo alguno.
La canción de la ex Teen Angel, además, es una respuesta perfecta para los comentarios que se deslizaron desde varios despachos las horas siguientes a que Bullrich saliera a exponer su enojo por los cambios introducidos en Discapacidad en el Presupuesto 2027 que Luis Caputo, Carlos Guberman y Milei confeccionaron bajo estricta confidencialidad para con el resto del gobierno. La propia senadora admitió en una entrevista horas después del escándalo por las modificaciones introducidas en el proyecto -que no contemplaban los acuerdos que tanto ella como Martín Menem estaban negociando con los bloques aliados del Congreso- no habían sido siquiera deslizadas en la mesa política que los tuvo por más de tres horas reunidos el último martes. “A mí no me tomen de tonta”, dijo desde la puerta del Senado para que nadie se hiciera el distraído.
Bullrich no perdona que dentro del oficialismo no la traten con el respeto que cree merecer. Para la dirigente porteña su figura no sólo tracciona votos casi de manera automática, sino que está convencida de que cuenta con los skills necesarios para poder enderezar el rumbo de la gestión a la que, puertas adentro, admite tambaleante. El mayor problema para su ambición es otra mujer tan voraz como ella. Karina Milei está negada a cederle un ápice de poder a quien se convirtió en la aliada fundamental para que su hermano acceda al Ejecutivo. La secretaria general sabe que cualquier concesión se traduciría en una toma del control de la senadora y la pérdida de la última palabra en cada una de las decisiones, un honor que la menor de los Milei conserva gracias a la existencia de la mesa política, el órgano que vino a empoderar la figura de la titular de La Libertad Avanza luego del quiebre del Triángulo de Hierro que completaban el presidente y Santiago Caputo.
La estrategia que utilizaron desde la Casa Rosada para evitar que un nuevo gesto separatista tenga un impacto similar al pedido de expulsión de Manuel Adorni que la dirigente hizo en pleno prime time fue la de restarle importancia al video. El puntapié lo dio el propio Javier Milei, quien siguió al pie de la letra las instrucciones. “¿Cuál sería el problema de que escuche a Lali? Para mí no sería ningún problema. De hecho, me parece una tontería mayúscula politizar el arte. Es más, luego de la polémica escuché algunos temas y me gustaron”, respondió el presidente ante la consulta de una periodista de espectáculos. Una jugada sutil que logró desactivar la trampa bullrichista.
La elección del tema fue toda una discusión dentro de los equipos de la ex candidata a presidenta. Las opciones que se barajaron fueron de las más variadas, algunas incluso con letras aún más filosas que la elegida. Pero en el Senado sabían que tenían un único tiro y no estaban dispuestos a desperdiciarlo. “Ladri Depósito”, fue el apodo con el que decidió referirse el presidente a la artista popular que durante las PASO del 2023 se limitó a tuitear “qué peligroso, qué triste” luego de conocerse el triunfo de Milei. Un inocente posteo que le valió convertirse en la enemiga acérrima del jefe de Estado y una nueva canción que la hizo estar presente en los parlantes de más de un acto opositor.
De vuelta en la senadora, un contundente sector del oficialismo entiende que su intención es golpear para después negociar. Si bien desde algunos sectores creen que la ex macrista está trabajando para evitar que el oficialismo logre suspender las Primarias -un escenario que le permitiría poner a competir a candidatos propios en una interna partidaria-, están convencidos de que, al menos por ahora, no hay un escenario de rompimiento. “Patricia tironea todo lo que puede para contener a su electorado propio, mostrar que sigue teniendo poder y el año que viene sentarse con todo eso adelante de Karina y preguntarle ¿a mi qué me dan?”, razonó un integrante de la mesa política ante este diario.
Desde el entorno de la senadora, en tanto, ya no niegan que Patricia Bullrich está trabajando para ser la compañera de Javier Milei en la boleta con la que el presidente intentará renovar su mandato por otros cuatro años. Descartada toda posibilidad de competir en la Ciudad, la Piba se prepara para darle batalla a Martín Menem, el hombre de Karina en Diputados, quien también aspira para quedarse con el honor. Semanas atrás el propio líder libertario dio a conocer que ya tenía elegido a su candidato a vicepresidente. Desde su entorno negaron que haya sido un tema de conversación y aseguran que fue una manera del economista de “patear para afuera” la presión. ¿Será que los cambios en materia de seguridad en la Quinta de Olivos no es lo único que tiene tensionados a los hermanos presidenciales? Habrá que esperar.
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