En un mal clima político y económico, el presidente juntó a la tropa libertaria: retos, lecciones y promesa electoral. Karina y el dresscode papal. La playlist con que Bullrich le habla a Milei. Un año de la rebelión de Kicillof.
Javier Milei abandonó, un rato apenas, la retórica económica. La inquietud que reina en el ecosistema libertario lo empujó a hablar de política y negar cualquier riesgo electoral. “Dicen que yo gano porque enfrente no tengo nada. Pero no hay nada porque la oposición es un ejército de enanos que yo armo y desarmo según me conviene. Si tengo que levantar a alguien, lo voy a hacer”, dijo como si confesara una travesura.
El Milei en pose de demiurgo, de titiritero que digita a los jugadores sobre la mesa de arena política, es una novedad. En general, esos asuntos los delega en Karina y los charla, ahora con menos frecuencia que antes, con Santiago Caputo. El tono del mensaje expone la debilidad: el presidente tuvo que salir a apagar, en persona, las dudas de la tropa libertaria. “Los que tienen miedo por las encuestas son unos boludos”, los retó.
Doña Rosa y el relato mileísta
El liberario dedicó más de dos horas a exponer frente a los suyos y aceptó un puñado de preguntas. “No jodan con Doña Rosa, no es por ahí”, le respondió a un dirigente que recurrió a la sempiterna figura que invocó Bernardo Neustadt como emblema de ciudadano despolitizado. Ante el comentario de otro referente sobre cómo explicar la caída del consumo, Milei la cortó en seco.
“No acepten nada, no cedan”, dijo y manoteó datos para repetir la letanía de los récords económicos. En su encierro, Milei entiende que aceptar la mínima crítica puede ser como entrar en una pendiente. Por eso, repitió la biblia libertaria de economía expansiva, consumo en alza y baja de la pobreza. No importa que los datos oficiales lo contradigan. La verdad es una construcción.

Milei dice que no hay que discutir sobre los indicadores, que está semana sumaron una caída de 0,6% de la actividad y una suba del desempleo –acompañado por variables de deterioro en todos los renglones– ni tampoco el día a día de la gente: el problema, dice, son los diagnósticos y las críticas de periodistas y encuestadores que influyen sobre el Círculo Rojo, que son los que toman decisiones económicas.
Todos contra mí
La metralla de Milei fue genérica: alcanzó, entre otros, a la consultora Poliarquía –cuyos estudios nutren el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella–, al economista Carlos Melconian y al empresario Javier Madanes Quintanilla, dueño de FATE, la empresa que cerró y despidió a 920 empleados y que el jueves consiguió que la sala II de la Cámara de Apelaciones y Garantías de San Isidro ordene desalojar la planta. La resolución lleva la firma de Juan Stepaniuc, Leonardo Pitlevnik y Luis Cayetano Cayuela.
La indicación presidencial fue que los referentes libertarios salgan a disputar en los medios y los mandó a ver videos de cómo se manejaba, en sus tiempos de panelista, en los debates de TV. Para eso aportó tips: además de hablar del riesgo kuka financiero, ahora incorporó el riesgo kuka laboral como teoría para explicar por qué las empresas no toman empleados.
El INDEC informó que, en el segundo trimestre de 2026, la desocupación tocó el punto más alto desde 2021: 7,9%. Y aportó datos asociados que reflejan la crisis: la informalidad llegó a 45,1%, el desempleo golpea más a mujeres jóvenes y aumentó la cantidad de gente que busca trabajo, dato que para Federico Pastrana, de la consultora C-P, indica que ante la caída de ingresos se produce un aumento de la demanda de trabajo, en parte ligada al pluriempleo.

El elogio que Milei y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, hacen del cuentapropismo esconde su propia trampa y explica, en gran medida, el deterioro del poder adquisitivo de las familias, una de las razones del endeudamiento: según un estudio en base a la Encuesta Permanente de Hogares del Indec que publicó C-P, un trabajador que pasó del sector de empleo registrado formal privado a la condición de cuentapropista perdió un 27,8% de sus ingresos reales.
Para el presidente es un dato accesorio porque, y se enfocó casi obsesivamente con este punto, la prioridad es tener los U$S 100.000 millones que necesita en 2027 para frenar cualquier “intento de desestabilización”. Hizo una cuenta en el aire: sumó reservas, más dos swap, más excedente de exportaciones y redondeó ese número mágico que despejaría cualquier incertidumbre cambiaria.
El febrero de Karina
“No jodan a los gobernadores”, dijo Karina Milei no menos de seis veces. La repetición puede –un poco– responder a la modestísima facundia de la hermanísima, pero en términos políticos redobló un mensaje: a viva voz, El Jefe les ordenó a los legisladores, que son las espadas de LLA en el territorio, no guerrear con los mandatarios provinciales. “Pueden criticar la gestión pero sin decir cosas feas: no digan que son narcotraficantes”, dijo. Y rió.
En Casa Rosada, frente a senadores y diputados, Karina fijó el mes de febrero como la frontera temporal de vencimiento de esa tregua unilateral, pero no dio nombres propios y explicó que el Gobierno necesita los votos de los gobernadores para aprobar cinco leyes. Era lunes por la tarde y la hermanísima estiraba la charla a la espera de que Milei llegue al salón Héroes de Malvinas, en la planta baja de Casa Rosada.
– Bueno, para traducir a Karina… –intervino Diego Santilli.
– ¿Cómo? ¿No fui clara? –lo fulminó la hermanísima.
“El Colo” se evaporó en disculpas. Con lo que le quedaba de aire, justificó su comentario y aportó un caso puntual, como ejemplo. Habló de Tucumán donde, avisó, La Libertad Avanza (LLA) enfrentará a Osvaldo Jaldo en las elecciones de mayo, pero sin por ahora desatar una batalla bestial contra el peronista que maneja tres votos en Diputados y uno/dos en el Senado. Mala noticia para el franquista Lisandro Catalán y el radical Mariano Campero. Horas después, Santilli recibió a Jaldo en Casa Rosada.
La lógica del desorden
El jefe de Gabinete tiene la tarea, nada fácil, de juntar votos para la reforma política. Le cuesta: los gobernadores que pueden darle el apoyo quieren certezas sobre cómo será la ecuación electoral. También ganan tiempo. Ninguno tiene claro que la foto de hoy pueda convenirle dentro de ocho meses. Karina cree, además, que Patricia Bullrich no juega a fondo con esos cambios porque le conviene que sigan las PASO.
La senadora avisa, desde la Cámara Alta, que los números están muy finos y se queja, como ocurrió esta semana, de que no hay orden ni dinámica. El martes al mediodía estuvo en la reunión de mesa política y horas después se enteró de que el Presupuesto tenía al menos dos medidas problemáticas: un ajuste extra en discapacidad y el desenganche de la AUH –y todas las asignaciones– del IPC.
“No me tomen por tonta”, se molestó Bullrich, y apuntó a Luis Caputo por la inclusión de esos puntos. Con las horas, la reconstrucción del episodio la llevó hasta Mery Ibarzábal Murphy, secretaria de Legal y Técnica, una figura que responde a Santiago Caputo, como parte de una jugada simbólica: las dos medidas se incorporaron casi como declaración de principios, aunque de arranque están condenadas a caer, según confiaron a Cenital en el Congreso.
Sandra Pettovello, la ministra de Capital Humano que se quiere presentar como el rostro sensible de un Gobierno cuyo presidente se ofende si le piden que sea empático, tuvo que salir a aclarar: dijo que existe voluntad política de mantener actualizada la AUH con inflación y hasta citó un compromiso con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Como Bullrich, Pettovello también se sorprendió.
El playlist de Bullrich
La senadora hizo un movimiento más: el viernes, temprano, publicó un video donde “habla” a través de una canción de Lali Espósito, una figura detestada por Milei. La senadora canturrea que “quisieran controlarme”, que “los peros tienen un porqué” y que las cosas que le puedan decir ya no le importan. ¿Cuánto falta para que el presidente estalle abiertamente contra Bullrich? Por ahora, la deja pasar.
La exministra, que parece una extranjera en las juntadas libertarias, escucha en cada charla que tiene con empresarios u operadores que debe apurar su despegue de Milei. Cerca de Bullrich ven una encerrona: si Milei llega competitivo al 2027, ella quizá no tenga chances ni siquiera de elegir qué hacer, pero si Milei llega roto, la ola crítica la podría arrastrar. No parece haber punto intermedio. Un estudio de Casa Tres, de Mora Jozami, parece darle la razón: Milei y Bullrich comparten el 90% de los votantes.

– En el 31, después del segundo mandato de Javier, va a ser mi turno –le dijo a un hombre de negocios que la visitó.
– No llegamos al 2031, no vamos a sobrevivir… te necesitamos antes –la apuró, casi suplicante, el empresario.
Bullrich le respondió con una sonrisa y un arqueo de cejas. La senadora se mueve al borde: por mucho menos, Milei crucificó a Victoria Villarruel o bloqueó a economistas, amigos y adherentes y Karina excomulgó a figuras como Ramiro Marra. La condición de senadora puede ser, en el mientras tanto, una protección. Pero Bullrich no parece dispuesta a bancarse el destrato en silencio.
La rabieta por el capítulo discapacidad del proyecto de Presupuesto no es porque Bullrich se haya vuelto sensible, sino porque la irritó el desmanejo y que no la notifiquen. Tiene, en su conducta temeraria, alguna cautela: al menos en público, nunca critica al presidente. Se mueve con la soltura de quien se siente intocable. “Javier no la puede echar, es demasiado peligroso”, dice un operador.
Cierren Olivos
En otros asuntos –en casi todos– Milei es menos amable. La baja a doce trabajadores de la Quinta de Olivos y el traslado de otro tanto a distintas áreas se disparó por las supuestas filtraciones sobre compras en la residencia presidencial, pero tiene la lógica de que Milei no termina de sentirse cómodo y seguro. Como ocurrió antes con la Casa Rosada, Karina delegó ahora el manejo de la residencia a la Casa Militar.
El argumento oficial fue incrementar las medidas de seguridad en torno al presidente y su familia, pero en el Gobierno admitieron el malestar por las filtraciones y el descontento del presidente con ciertas dinámicas de la quinta de Olivos. Una versión oficiosa apuntó a que no había cocinero durante las 24 horas. Otra apunta a que Belén Agudiez, colaboradora de Karina, con manejo directo sobre la residencia, está detrás del desplazamiento del personal civil para que las tareas estén a cargo de militares.
Al margen de la novela de sus perros, el dato puro y duro es que Milei se mueve como si fuese un blanco móvil, sujeto a agresiones o ataques. ¿Existieron amenazas específicas sobre el presidente, distintas a las que han sufrido mandatarios anteriores o sufren otros dirigentes? La regla es no informarlas para no darle entidad, pero hubo casos como las intimaciones al gobernador Maximiliano Pullaro que fueron objeto de investigación.
Los colores del papa
La comunicación oficial sobre el cambio de régimen en la Quinta de Olivos menciona también la visita del papa León XIV, un tema que maneja Karina Milei y que ocupó, el lunes pasado, buena parte de su exposición frente a los legisladores: hubo un largo debate sobre cuál debe ser el dresscode oficial para la recepción del Pontífice, que estará en Argentina entre el 8 y el 11 de noviembre.
Karina indicó que todas debían usar color negro, pero las damas libertarias se entregaron a un debate sobre si podían usar gris oscuro o azul oscuro. La hermanísima, atenta a los detalles, señaló al senador Bartolomé Abdala, que gusta de los colores brillosos, y señaló que ese azul –casi francia– no era apto. Saco negro, camisa blanca y corbata negra para los caballeros.
Hubo, luego de la disertación estilística, un asunto que explica la inquietud del gobierno con la visita de León XIV: Karina anticipó que habrá una recepción oficial, que seguramente será en el Palacio Libertad –ex Centro Cultural Kirchner– al que se invitará a todos los referentes opositores con representación institucional. Es decir, gobernadores y legisladores. “No quiero quilombo”, ordenó la hermanísima.
La inédita pasión ecuménica de los Milei se explica por la presunción de una casi inevitable referencia de León XIV a la situación social, ante la cual es preferible que esté todo el elemento opositor, en el más amplísimo arco ideológico, como si quisiera coparticipar las potenciales críticas al deterioro social. Fracasado el intento, quizá infantil, de controlar la gira del papa, ahora los Milei apuntan a sociabilizar los cuestionamientos.
El km 0 del axelismo
Será la visita de León XIV un momento donde compartirán marquesina Milei y Axel Kicillof, al menos en la escala de Luján. El gobernador aparece, mientras tanto, entreverado con los asuntos propios de la interna peronista: mientras pone marzo como fecha para definir su juego, hace equilibrio respecto de CFK y reactiva su esquema propio, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), que para algunos es un error táctico.
“Vos, Axel, no tenés que perder tiempo sacándaote fotos y juntando dirigentes: si querés ser presidente de todos, no armes una línea tuya”, le recomendó Sergio Massa en tiempos donde todavía no había empezado a paladear, como ocurrió en los últimos meses, que el 2027 puede darle otra oportunidad: el exministro de Economía de Alberto Fernández podrá decir que la tercera es la vencida.
Kicillof hizo en estos días una especie de celebración del movimiento que mostró la primera disidencia explícita con Cristina Kirchner: la decisión, opuesta a la postura de la expresidenta, de desdoblar la elección provincial de 2025, que el peronismo ganó por 15 puntos en septiembre pero que, apenas un mes y medio después, el mileísmo dio vuelta a pesar de tener a José Luis Espert en la boleta.
Algo así como el kilómetro cero de su autonomía política, proceso que La Cámpora traduce como deslealtad, mientras el entorno de CFK desliza simpatías por Gerardo Zamora, picardía que va en contra del plan Cristina candidata o, directamente, confirma lo infructuosa que se proyecta esa pretensión que la semana pasada sumó otro capítulo político/jurídico.
El santiagueño hizo –y no faltan los que leen esos gestos como señales– algo que no suele hacer: posar para las fotos junto a Sergio Uñac, un candidato lanzado, la disidente Carolina Moisés y el gobernador de Salta, Gustavo Sáenz. Peronismo del interior, conservador y de centro/centroderecha, que puede fantasear con una chance si mira el estudio de La Sastrería-TresPuntoZero sobre qué perfil de presidente quieren los argentinos: casi 42% dice de derecha (casi 55% entre jóvenes de 16 a 29 años), contra 31% de izquierda.
Sobre el fin de la semana circularon unos afiches de doble consigna: Axel presidente, Cristina libre. Podría expresar, si alguien pudiese exprimir el pensamiento íntimo del gobernador, su mayor deseo: mientras un sector del peronismo invoque el concepto de que la mejor candidata es CFK pero no puede ser candidata, cualquier otra figura será percibido como un postulante blue. En un hipotético caso de que Cristina fuese habilitada a competir ¿qué haría Kicillof?
Pablo Ibáñez – Cenital






